viernes, 16 noviembre 2018

Adopción como Caridad

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Hace algunas décadas, se imaginaba la adopción como una solución al maltrato o abandono de los niños en concordancia, se creó un marco asistencial generoso que consideraba la adopción como un acto de caridad o solidaridad con los niños abandonados a su suerte, al suministrarles este sistema unos padres que deseaban incorporarlo a su familia y acogerlo como si fueran sus propios hijos o, en su caso, como a un hijo más. Hoy, sin embargo, se vive y se siente la adopción como un medio para poder disfrutar de la experiencia de tener un hijo, el hijo que biológicamente nos ha sido negado concebir; por ello, va configurándose una visión más humana, consciente y responsable de la adopción, respondiendo como principal motivación al deseo auténtico de un hijo, del niño por sí mismo. Así, los adoptados pasan a constituirse en protagonistas porque ofrecen, a quienes les acogen, el ansiado privilegio de ser padres.


adopcionEn muchos casos, la adopción es la última opción que se baraja tras recorrer un largo camino en busca del primer hijo biológico. La dolorosa situación que supone ir aceptando que no se puede conseguir la paternidad biológica, que nuestro hijo no se va a parecer a nosotros y que habremos de explicar a los demás lo que nos ocurre, requiere su tiempo. Para que el conflicto interno, se resuelva, la frustración desaparezca y para que se asuma dicha realidad gozosamente y sin traumas. Sólo cuando, nos hemos mentalizado positivamente, podemos comenzar a desarrollar el estado afectivo que requiere el trascendental paso de adoptar un niño.


Lo más frecuente, es que las personas en espera de adopción vivan con ansiedad todo el proceso hasta verlo culminado. La espera, en la asignación de un menor es un factor que debe valorarse en clave positiva y con mucha paciencia.

 
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